Política

Plubicado el 8 de Enero, 2018 | por Franklin Rodriguez

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Protestas en Irán: ¿Reclamo popular o conspiración internacional?

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En los últimos días del 2017, víspera de la celebración de año nuevo en el mundo occidental, Irán, una de las potencias regionales de Medio Oriente, se vio inmersa en un ambiente de plena agitación social, cuando bajo la bandera de protesta miles de iraníes salieron a las calles a exigir cambios sustanciales a la teocracia gobernante.


Los citados acontecimientos, ocurren en pleno año 1396 (según el calendario persa) y cuyo origen aparentemente subyace en la precaria situación económica que padece Irán, en parte producto del aislamiento internacional, además del descontento social con las principales autoridades del país. Compuestas en gran medida por jóvenes que demandan mejores condiciones de vida, aquejados tanto por los niveles de corrupción como por los elevados precios, estas movilizaciones iniciaron en Mashhad (la segunda ciudad en importancia después de Teherán) para luego extenderse a otras 160 ciudades.

Resulta evidente, sin embargo, que contrario a pasadas protestas como la escenificada durante las elecciones presidenciales del 2009, las movilizaciones actuales no están lideradas por una de las dos tendencias políticas tradicionales en Irán, los reformistas y conservadores. Contrario a esto, son jóvenes quienes han estado al frente de los reclamos, algunos de los cuales, en un discurso parecido al escenificado en Túnez, Libia y Egipto durante la Primavera Árabe, llegan al extremo de exigir la salida del ayatolá Jamenei, e incluso su muerte.

A lo anterior se adhiere el hecho de que las consignas enarboladas por los manifestantes, hacen especial énfasis en la política exterior iraní, condenando las injerencias de Teherán en Gaza, Líbano, Yemen y Siria, territorios donde casualmente la nación persa libra un pulso geopolítico con sus adversarios regionales Israel y Arabia Saudí, ambos apoyados por Estados Unidos.

Por ejemplo, en Yemen las autoridades iraníes apoyan a los rebeldes hutíes, un grupo chiita que hasta 1962 había reinado por 1,000 años en esta nación árabe, y desde el 2014 busca tener mayor participación en el poder, lo que desencadenó una guerra civil; en el caso del Líbano, Irán históricamente ha apoyado al grupo chiita Hezbolá, que actualmente forma parte del gobierno libanés; y en cuanto a Siria, el apoyo de Teherán es a favor de Bashar al Assad, el cuestionado presidente sirio, que ha logrado mantenerse en el poder luego de 7 años de encarnizada guerra y las presiones internacionales por deponerlo. En cada uno de estos casos, Arabia Saudí, el rival religioso y político de Irán en Medio Oriente, ha jugado un papel primordial a la hora de apoyar logísticamente al bando contrario.

Dado el trasfondo geopolítico, es comprensible que las primeras acusaciones gubernamentales emanadas desde Teherán, se dirijan precisamente contra sus adversarios regionales y occidentales, a quienes culpa de usar “servicios de inteligencia para azuzar las protestas, en aras de desestabilizar el país”. A esto se suma el que es precisamente en Mashhad (la ciudad donde comenzaron las movilizaciones) donde se encuentran los más preciados patrimonios del chiismo en el mundo islámico, el escenario que usaron los manifestantes para exigir un retorno a la monarquía, es decir, volver al sistema político bajo el cual gobernó el Sah de Irán, Mohammad Reza Pahleví.

Cabe resaltar, que en los últimos meses, sobre todo luego de las más que evidentes muestras de apoyo de parte del gobierno de Donald Trump a los gobiernos de Israel y Arabia Saudí, esta última se ha dado a la tarea de aumentar a como dé lugar su influencia en la región. Como una de sus últimas movidas, la monarquía saudí parece haber incidido en la reciente e inesperada renuncia del primer ministro libanés, Saad Hariri, lo cual ha tenido una gran repercusión en el ambiente, a pesar de que el presidente Michel Aoun no aceptó la renuncia, temiendo que por la cercanía de Hariri a Riad, que fue donde emitió el anuncio, estos le hayan recluido.

Tanto el máximo líder de Hezbolá como las autoridades iraníes, han expresado su preocupación por el destino de Hariri, calificando la movida como una tentativa de guerra al Líbano por parte de Arabia Saudí. Por si fuera poco, tanto las autoridades saudíes como sus aliados regionales, pidieron a sus ciudadanos que salgan del Líbano, al tiempo que Estados Unidos pidió convocar al Consejo de Seguridad de la ONU para tratar las protestas en Irán, lo que fue rápidamente rechazado por Rusia, nación aliada de Irán.

A pesar de los citados indicios de conspiración externa, posibilidad ampliamente ponderada a propósito de las particulares protestas suscitadas en Irán, lo cierto es que las mismas han tenido un antecedente justificado, que quizás haya servido de coyuntura favorable para opositores internos y externos. Nos referimos pues a las fallidas promesas de mejora de la situación económica, las cuales, junto al logro del acuerdo nuclear rubricado en conjunto con las grandes potencias, habían facilitado la reelección de Rouhani.

En ánimos de brindar claridad y mostrarse transparente ante la carencia de resultados tangibles, el presidente iraní había acordado publicar en detalle el presupuesto para este 2018, algo poco usual en este hermético régimen teocrático. Quizás el error en calculo en esta muestra de honestidad, estuvo en que además de proyectar notables recortes, la proyección presupuestal contemplaba aumentos significativos en los combustibles (Irán es uno de los principales productores de petróleo y gas natural del mundo) y de la canasta familiar, lo que enfureció a una población con un nivel de desempleo que ronda el 65%.

Evidentemente, los citados componentes son un caldo de cultivo de impredecible agitación social, que como sucedió en Túnez un 17 de diciembre del 2010, pueden ser la gota que derrame la copa y así dar inicio a toda una transformación del país. Afortunadamente, al cabo de dos semanas las manifestaciones comenzaron a menguar, luego de haber dejado un saldo de unos 22 muertos tras la contraofensiva gubernamental.

Aún es muy prematuro para saber en qué devendrán los recientes acontecimientos y cual será en lo adelante la estrategia de Teherán y sus aliados, para preservar su espacio vital u orbita de influencia, en la región más inestable y disputada del planeta.

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Sobre el Autor

Franklin Rodriguez

Miembro del Comité Central del PLD, Secretario de la Juventud Peledeísta.