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Política

Plubicado el 12 de Abril, 2018 | por Franklin Rodriguez

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Gaza: Entre violencia y olvido

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El pasado mes de diciembre el mundo recibió con estupor la noticia de que EE.UU. había decidido trasladar de Tel Aviv a la ciudad de Jerusalén su embajada en Israel, una movida inquietante que rompía con el estatus especial que brindaba a Jerusalén protección internacional, considerada también la “Ciudad Santa”, por su alto valor histórico, cultural y político, no solo para los judíos, sino también para los musulmanes y cristianos.


De hecho, en aquella ocasión tuvimos la oportunidad de abordar en este espacio los antecedentes e implicaciones de dicha decisión, la cual contrastaba marcadamente con los esfuerzos previos por alcanzar un acuerdo de paz entre palestinos e israelíes. Por ejemplo, desde 1980 a la fecha Jerusalén solo era sede de unos 29 consulados, no así embajadas, aunque vale destacar que sí tuvo unas 16 representaciones diplomáticas en las primeras tres décadas tras la creación del Estado israelí, incluida la de República Dominicana y otras 11 naciones latinoamericanas.

No obstante, lo que causaría mayor indignación tras la decisión unilateral anunciada por Washington, sería la advertencia pública que hizo el gobierno estadounidense en la ONU de “tomar nota de los nombres de las naciones que votaran en contra de la medida sobre Jerusalén”, ante una sesión de emergencia en la Asamblea General. Por si fuera poco, el propio presidente Donald Trump amenazó con suprimir toda contribución económica a quienes no apoyasen a Estados Unidos, lo que quizás repercutió en que 8 países latinoamericanos se abstuvieran de votar y 2 se mantuvieran a favor de Estados Unidos, como fue el caso de Guatemala y Honduras. Las amenazas no quedarían ahí, sino que tras la reacción de las autoridades palestinas ante la decisión de reconocer Jerusalén como capital de Israel, Trump subiría la apuesta al amenazarles igualmente de cortar las ayudas de Washington, dirigida tanto a Cisjordania como la Franja de Gaza.

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Para la Liga Árabe la indignación llegó al punto de considerar que con dicha medida, el gobierno estadounidense rompía con el proceso de paz iniciado en Oslo, Noruega, decisión que fue apoyada por aliados de Estados Unidos en la región, como Arabia Saudí, Jordania y Emiratos Árabes Unidos.

En cuanto a Hamas, organización político-militar presente en Gaza, la declaración de Trump, además de un “chantaje” (observación que también hizo la Organización para la Liberación de Palestina, OLP), constituía en efecto una “declaración de guerra”. Se podría decir que “guerra” es justamente el término que nos viene a la mente, a la hora de medir las posibles consecuencias de la más reciente movilización que está teniendo lugar en la Franja de Gaza.

Sucede que el pasado 30 de marzo, cual si fuera parte del vaticinio sobre las implicaciones nefastas que tendría la medida estadounidense sobre Jerusalén, inició una protesta masiva por parte de la población palestina en Gaza, cuya duración se prevé sea de unas seis semanas. Las movilizaciones coincidieron con la celebración de la Pascua judía en Israel y el “Día de la Tierra” palestino, donde este último conmemora la muerte de seis personas, que en 1976 protestaban por la confiscación de sus tierras por parte del ejército israelí.

Previo a la actual discusión sobre el estatus de Jerusalén, más precisamente una década atrás, en esta región viene exigiéndose reivindicaciones sobre los territorios ocupados por Israel, lo que ha tendido a elevar las tensiones entre las partes enfrentadas. De ahí el valor simbólico que tiene la actual protesta, pues se calcula que la misma estaría programada para concluir el 15 de mayo, día en que se conmemora el destierro de millares de palestinos de sus tierras originarias tras la creación del Estado de Israel en 1948, por lo que se conoce la ocasión como “Nakba” o “Catástrofe”.

Según estimaciones oficiales, durante la primera jornada de protesta hubo unos 30,000 manifestantes, quienes se dirigieron pacíficamente a la frontera entre Gaza e Israel, pero todo degeneró en un ambiente de suma tensión debido al uso de la fuerza del ejército israelí, que a la fecha ya se ha saldo con unos 18 fallecidos y casi 1,500 personas heridas (todos ellos palestinos). El saldo de víctimas llevó a la ONU a exigir moderación y respeto a los derechos humanos por parte de Israel, al tiempo que se van reviviendo los viejos temores sobre el último gran conflicto en la zona, el cual tuvo lugar en el 2014.

En aquella ocasión, bastaron 50 días de combate para poner en balanza el lado más oscuro de la guerra, pues la cantidad de víctimas y daños a infraestructura física en Gaza aún permanecen patentes tras cuatro años de frágil tregua. Bastaría indicar que mientras Israel tuvo 70 bajas militares (el 90% fueron militares), del lado de la Franja, las estadísticas cifran en 2,107 las víctimas fatales, entre ellas 500 eran niños; unos 11,000 heridos; más de 100,000 desplazados; y un total de 20,000 hogares destruidos.

Aún en la actualidad el costo de aquel conflicto, cifrado en unos 6,500 millones de dólares por la Autoridad Nacional Palestina, sigue pesando sobre la frágil economía en Gaza, que además debe lidiar con un bloqueo total del gobierno israelí que le aísla de toda transacción de bienes y servicios. Esta precaria situación explica en parte los continuos levantamientos, dado el nivel de resentimiento que provoca en los palestinos el despojo de sus tierras y el estado de paria al cual se les ha relegado.

Al tiempo que se desarrollan las actuales manifestaciones, en torno a las cuales seguramente se estarán produciendo nuevos escenarios, aún quedan pendiente las mismas diferencias que mantienen enfrentadas a las partes, como son: el restablecimiento de las fronteras mutuas a los limites previo a 1967; el estatus de Jerusalén (alterado por la decisión de Trump); y sobre todo, los asentamientos israelíes en zonas ocupadas, considerados ilegales tanto por la comunidad internacional, como por las autoridades palestinas.

Las actuales movilizaciones apenas inician, y al tiempo que la comunidad internacional se anticipa a cualquier escalada de hostilidades, solo queda apelar a la prudencia y entendimiento de los liderazgos en ánimos de evitar una nueva guerra, que sume víctimas en la ya convulsa región de Medio Oriente.

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Sobre el Autor

Franklin Rodriguez

Miembro del Comité Central del PLD, Secretario de la Juventud Peledeísta.