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Política

Plubicado el 30 de Mayo, 2018 | por Franklin Rodriguez

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Elecciones en Colombia: ¿Qué esperar?

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Al momento de escribir estas líneas, aprovechando unas breves horas de privacidad durante nuestra estadía en Bogotá, Colombia, esta admirable nación suramericana se presta a elegir su futuro presidente, en unas elecciones marcadas por el fantasma del fraude, abstencionismo y una más que evidente polarización política.


Es innegable que a nivel internacional Colombia ha estado generando noticias trascendentes en el último mes, donde se le ha aceptado como miembro número 37 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE); supera a Venezuela como principal exportador de petróleo hacia Estados Unidos, con unos 426,000 barriles por día; y el gobierno avanza en las conversaciones de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que ahora se trasladan a la Habana, Cuba. Pero también es justo destacar, que las elecciones del 27 de mayo han venido a unirse a interesantes procesos, que pueden moldear el futuro inmediato de Latinoamérica, como son los cambios de mando que han dado y se darán en Cuba, Costa Rica, Venezuela, México, Paraguay y Brasil. Otro dato trascendente, es que estas han de ser las primeras elecciones en más de seis décadas sin las FARC, ahora convertidas en un partido político tras el acuerdo de paz. No obstante, aquel hito histórico que se consumó en junio del 2016, ha sido también el epicentro de una polarización política que ha dividido a la sociedad colombiana en partes iguales, lo que quedó evidenciado con el plebiscito que meses después rechazó el acuerdo con una votación en contra de 50.21%, frente a un 49.78% que quería el sí.

Aquella diferencia de apenas un 0.43% sacó también a relucir el poder de facto de un exmandatario, que pese al tiempo, aún representa la principal fuerza política del país, nos referimos a Álvaro Uribe. Con un amplio aval político, que le ha llevado a ser director de Aeronáutica Civil, alcalde de Medellín, senador y gobernador de Antioquia, y el presidente que pudo romper con el bipartidismo colombiano de décadas, Uribe fue el principal promotor de la oposición al Acuerdo de Paz con las FARC.

Su relevancia ha sido una vez más validada el pasado mes de marzo, tras ser el senador más votado y líder del partido Centro Democrático, el cual obtuvo 51 congresistas, pese a que sobre él gravitan casos polémicos como el favorecer el paramilitarismo y la perdida de investidura por ausencia en el Congreso. Es en gran medida su peso político lo que ha llevado a su candidato, Iván Duque, a liderar las encuestas durante los meses previos a las elecciones, al tiempo que el “uribismo” se siente confiado de poder ganar en primera vuelta.

Es en ese mismo lapso de tiempo que viene posicionándose la contraparte de Duque, Gustavo Petro, candidato de izquierda que le disputa la presidencia al conservador. Según los resultados de las primarias, ambos ganaron cómodamente sus candidaturas, donde por un lado Iván Duque obtuvo 67% contra 25% de su principal rival, Martha Lucia Ramírez, mientras Petro logró un 85% frente al 15% de Carlos Caicedo.

Si analizamos un poco a estos dos candidatos encontraremos que el candidato uribista, Iván Duque, quien fue senador, ha basado su discurso en la necesidad de cambio del modelo económico, la industria creativa, atacar la corrupción, la evasión, fomentar el emprendimiento y mejorar las condiciones de los trabajadores. Al mismo tiempo, Duque fue uno de los principales promotores del NO en el plebiscito, siendo un fuerte opositor del actual presidente Juan Manuel Santos y critico al chavismo venezolano.

Por su parte, el candidato de Colombia Humana Gustavo Petro, un exguerrillero del M-19 y exalcalde de Bogotá, ha sido víctima de una cruenta campaña de descredito por parte del conservadurismo colombiano, que le tildan de populista, radical y chavista. Sin embargo, al mismo tiempo genera gran simpatía en distintos sectores de la sociedad, por capitalizar el descontento contra la corrupción y la desigualdad, mientras se muestra abanderado de las energías renovables, la mejora de servicios públicos y la reforma rural.

Es aquí donde entra en escena un gran dilema colombiano, la posibilidad de que un candidato de izquierda llegue al poder. Sucede que esta nación tiene en su genética la tradición de gobiernos conservadores, una realidad que ha sembrado dudas históricas en torno a acontecimientos que marcaron para siempre al país, donde candidatos de izquierda que tuvieron la posibilidad de llegar al poder fueron vilmente asesinados, como fueron los casos de Jorge Eliecer Gaitán en 1948, y cuatro décadas después (1988 y 1989) Luís Carlos Galán, Bernardo Jaramillo y Jaime Pardo.

A la anterior peculiaridad histórica y la divergencia en torno al proceso con las FARC, se suma el tema venezolano, cuya crisis ha comenzado a generar debates en la sociedad colombiana más allá de los 2.200 kilómetros de frontera que divide a ambas naciones. Con una migración que se cifra en casi 800,000 personas, esta realidad ha sido puesta en el centro de las discusiones entre los candidatos, quienes se asumen tanto la bandera de solidaridad hacia los afectados, como la de ataque contra el gobierno venezolano del presidente Nicolás Maduro.

De ahí los ataques que perversamente se han dirigido contra Gustavo Petro, creando el temor y desconfianza popular de que un eventual gobierno suyo sería una recreación del modelo chavista, llegando al extremo de publicar spot publicitarios que rezan “Vote para que Colombia no sea otra Venezuela”. Esta campaña en parte auspiciada por el Centro Democrático, han obligado a Petro a marcar distancia de cualquier vinculación al régimen venezolano.

La suerte ya está echada y mientras me presto a cumplir con la encomienda de Observador Electoral, en representación del Partido de la Liberación Dominicana, estamos por comprobar cuán acertadas o no han sido las encuestas, donde Duque encabeza con un 37%, seguido de Petro con un 27%. Ya a más distancia se posicionan por orden Sergio Fajardo con un 16%, German Vargas Lleras con un 11% y Humberto De La Calle con 4%, que por cierto, en conversaciones con la gente de pueblo, tildan a este como el mejor de todos.

Es muy probable que estemos viendo más adelante una segunda vuelta, lo importante será cuán preparada esté Colombia para superar su fragmentación interna y ver con cohesión política y social un futuro que dependiendo de ellos será muy prometedor.

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Sobre el Autor

Franklin Rodriguez

Miembro del Comité Central del PLD, Secretario de la Juventud Peledeísta.