Dilema del plástico: De necesidad cotidiana a crisis global | ForosGenerales.com


Política

Plubicado el 5 de Abril, 2018 | por Franklin Rodriguez

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Dilema del plástico: De necesidad cotidiana a crisis global

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El pasado 22 de marzo se estuvo celebrando a nivel internacional el “Día Mundial del Agua”, fecha con la que se ha procurado desde el 1992 crear consciencia sobre el uso racional y responsable de este preciado líquido, por demás ampliamente infravalorado en las naciones que han gozado de cierto nivel de desarrollo, y que por las comodidades propias del progreso, ignoran las implicaciones que puede acarrear su escases. De esto último podrían dar testimonio los habitantes de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, al convertirse en la primera gran urbe del mundo en enfrentar las consecuencias de una virtual ausencia de agua.


Ahora bien, agregado a los efectos devastadores que supone la citada carencia de agua para la humanidad, habría que agregar las implicaciones que sobre los ecosistemas acuáticos y las especies que lo habitan, ha tenido el uso masivo de un producto cada vez más imprescindible, el plástico.

Este material, que por demás representa un auténtico fenómeno industrial, está presente en cada fase de nuestra vida al punto que, en términos de relevancia, podría citársele a la par con aquellos metales que marcaron las primeras etapas de desarrollo tecnológico y social del hombre antiguo, dígase de las edades de Cobre, Bronce y Hierro.

Dado lo cotidiano de su uso, muchos hemos ignorado que en el último medio siglo se han producido unos 8,300 millones de toneladas de plásticos (la mayoría en los últimos quince años) alrededor del mundo, de los cuales un 75% han pasado a ser meros desechos diseminados en toda clase de vertederos o, en el peor de los casos, han ido a parar a los océanos. Lo más preocupante, sin embargo, es que como se ha podido constatar a través de las envolturas de alimentos y utensilios básicos, los productos plásticos suelen tener una vida útil corta en comparación con otros materiales, pero pueden tardar siglos en degradarse de forma natural.

Hasta inicios de este 2018, era común que la gran parte de los desechos plásticos del mundo, en especial los provenientes de Estados Unidos y Europa fueran a parar en China, nación que durante las tres últimas décadas ha acaparado el mercado de plástico y cartón secundario para reciclaje, como manera de compensar la demanda de su industria local. En efecto, las Naciones Unidas estiman que solo en el 2016 China llegó a importar el 70% de los plásticos secundarios (desechos) producidos en el mundo, equivalente a unas 7,3 toneladas métricas, lo cual supone unos $17,000 millones de dólares en transacciones.

No obstante, se prevé que dicha tendencia cambie bruscamente, tras la decisión de las autoridades chinas de prohibir a partir del pasado 1ro de marzo la compra e importación de unas 24 categorías de desechos plásticos, considerados altamente tóxicos, lo que ha puesto en jaque a las grandes potencias occidentales. Como alternativa, es posible que a partir de la citada fecha, una porción considerable de estos desechos vayan a parar a algunas naciones del sur de Asia como Vietnam, Tailandia, Camboya o Malasia, pero el resto de los plásticos podría terminar, como en efecto viene sucediendo con el excedente, en las zonas costeras y de ahí a los distintos océanos del planeta.

Según datos de la ONU, cada año entre 8 a 10 millones de toneladas de desechos plásticos (en especial polietileno y el polipropileno) son vertidos a los océanos, una cantidad alarmante de productos contaminantes, que sin embargo se ven ampliamente opacados por previsiones que estiman que para el 2050, el número de desechos plásticos en los océanos superará con creces a la cantidad de peces que lo habitan. A su vez, cabe destacar que de las toneladas de plásticos que se vierten a los océanos, un 46% corresponde a redes de pesca abandonadas, a las que se sumaron millares de desechos posterior a los tsunamis de Indonesia en el 2004 y Japón en el 2011.

A lo largo de décadas, el vertido progresivo de estos desechos ha dado al traste con la creación de unas 6 islas de basura flotante alimentadas por las corrientes marinas, siendo la mayor de ellas una que se ubica en el Océano Pacífico y cuyo cúmulo de plásticos suponen unas 87,000 toneladas, mereciéndole el nombre de “La Gran Mancha de Basura”. Para finales del siglo XX, se preveía que el diámetro de esta isla flotante, compuesta por 1,800 millones de desechos, era equivalente a cuatro veces el tamaño de California, pero tras un reciente cálculo, los datos indican que el tamaño actual es de 1,6 millones km2, es decir, aproximadamente unas 34 veces el tamaño de nuestra República Dominicana.

No obstante su envergadura, esta formación sólida es más evidente desde fotografías satelitales, debido a que un porcentaje importante de su superficie corresponde a micropartículas de plásticos, que se han desintegrado con el paso del tiempo. El gran inconveniente de estos pequeños trozos de plásticos (a veces microscópicos), es que son ingeridos por diversas especies marinas, creándoles adicción y afectando toda una cadena alimenticia, de modo tal que termina por degenerar en la muerte de millares de tortugas, aves, mamíferos acuáticos y peces.

En cuanto a los desechos de mayor tamaño, tienen el potencial de ahogar a especies como delfines, focas, tortugas, e incluso ballenas, que quedan enredados en redes o por igual, consumen fundas y botellas al confundirlas con su comida habitual. De ahí que autoridades en materia medioambiental y oceánica de la ONU, como Lisa Svensson, hayan descrito el escenario actual como propio de una “crisis planetaria”.

Actualmente, son cada vez más las ciudades que alrededor del mundo van tomando medidas sobre el uso de algunos plásticos y del polietileno, prohibido en más de 70 ciudades estadounidenses. Aun así, las grandes industrias del plástico siguen resistiéndose a las regulaciones estatales, que buscan mitigar el daño al medio ambiente.

Es evidente lo difícil que será conseguir alternativas viables a la gran variedad de usos que tienen los productos plásticos, y ni pensar que hasta 1941 desconocíamos su existencia y por consiguiente su potencial. Me pregunto: ¿Podríamos redefinir nuestros hábitos cotidianos y sortear esta crisis global? Ya veremos…

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Sobre el Autor

Franklin Rodriguez

Miembro del Comité Central del PLD, Secretario de la Juventud Peledeísta.