Cumbre de las Américas en un contexto enrarecido | ForosGenerales.com


Política

Plubicado el 17 de Abril, 2018 | por Franklin Rodriguez

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Cumbre de las Américas en un contexto enrarecido

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Comúnmente, cuando se llevan a cabo eventos de envergadura internacional o hemisférica, es de esperar un alto nivel de expectativa política y social que responde, en gran medida, a la trascendencia de los temas puestos en agenda, así como el perfil de los mandatarios que se han de dar cita. Sin embargo, esta ecuación no siempre resulta determinante, al menos no para esta VIII Cumbre de las Américas.


Sucede que en esta ocasión, a pesar de la importancia de los temas puestos en agenda, la Cumbre recién celebrada en Lima, Perú, ha llegado en un momento en que del Continente Americano se encuentra inmerso en ambiente de inestabilidad y replanteamiento de la agenda común, donde la desconfianza mutua, la precariedad de algunos gobiernos, los retos de la política interna, y la falta de un liderazgo regional cohesionador, han mermado el alcance de este magno evento. Quizás esto explique el que para el día inaugural, menos de la mitad de los 34 jefes de Estado invitados estuviera presente, entre ellos, el quizás más esperado por las expectativas que suscitaba su participación, Donald Trump.

Adoptando como tema central para esta octava edición “La gobernabilidad democrática frente a la corrupción”, la Cumbre de las Américas surgió en 1994 bajo un esquema integrar, que procuraba abordar asuntos políticos y comerciales, donde incluso se previó que sirviera de estímulo para la creación de un “Área de Libre Comercio de las Américas”, ALCA, que sin embargo no se logró concretar para el 2005 como estaba estipulado. En términos generales, las pasadas cumbres han mostrado un resultado decente, incluyendo la aplaudida introducción de Cuba en el 2015, que coincidió por aquel entonces con un reivindicativo proceso de normalización de las relaciones entre Washington y la Habana.

Pero enmarquémonos nuevamente en el actual contexto, donde para citar acontecimientos que han incidido en torpedear la trascendencia de la actual Cumbre, habría que iniciar citando la renuncia del que hasta marzo fuera mandatario de la nación anfitriona, Pedro Pablo Kuczynski, quien con menos de dos años frente al ejecutivo, se vio forzado a renunciar tras las acusaciones que se levantaron en su contra por corrupción y soborno. En efecto, a pesar de haber sobrevivido a un primer intento de destitución por impeachment, basado en las acusaciones por sus vínculos con Odebrecht, el también conocido como PPK no pudo plantar frente a la posterior publicación de un video, donde se veía a partidarios suyos y del polémico Kenji Fujimori comprando votos para evitar nueva vez su destitución.

Sería este mismo tópico “Odebrecht”, el que ha puesto en jaque a otros expresidentes de Perú como Ollanta Humala (también su esposa), Alejandro Toledo y Alan García. A estos le siguen varios mandatarios y exmandatarios en el sub Continente, señalados por tener conexiones en la red de sobornos y corrupción articulada por la constructora brasileña, como son los casos de Ricardo Martinelli y Martín Torrijos en Panamá; Michel Temer, Dilma Rousseff y Luiz Inacio Lula da Silva en Brasil; el exvicepresidente Jorge Glass en Ecuador; así como otros.

A lo anterior se agrega el reciente drama vivido en Ecuador, a raíz del secuestro y posterior ejecución de tres periodistas del diario El Comercio, quienes habían viajado a la zona costera de Esmeraldas en la frontera con Colombia. Según informaciones del gobierno ecuatoriano, el lamentable hecho fue dirigido por Walter Patricio Arízala (el Guacho), quien lidera a un grupo disidente de las FARC, lo que ha puesto en alerta a ambas naciones.

Por otra parte, y en lo que podría considerarse una decisión nada sorpresiva para los presentes, aunque sí desilusionante, luego de haber confirmado su presencia el pasado 19 de marzo, el presidente estadounidense canceló el martes pasado su visita a la Cumbre de las Américas, alegando tener que seguir de cerca el desarrollo de algunos acontecimientos internacionales, entre ellos la posibilidad de ordenar unos ataques contra el gobierno sirio de Bashar al Asad. Dicha decisión lo convirtió en el primer mandatario de esta nación en ausentarse, rompiendo con el ejemplo de sus predecesores Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama, quienes han aprovechado el espacio para consolidar las relaciones con la región.

A pesar de que se materializó el anunciado ataque contra el régimen sirio, basado en acusaciones no confirmadas del uso de armas químicas contra su propia población, causa suspicacia entre los analistas que dichos eventos y la fuerte retórica del mandatario, coincidieran con el allanamiento que el FBI llevó a cabo un día antes en las oficinas de Michael D. Cohen, abogado del presidente Trump, por sus vinculaciones al escándalo de la injerencia rusa. Esto tomando en cuenta que es precisamente Rusia, la potencia que se coloca al otro lado de la balanza en la guerra civil Siria.

No obstante, más allá de que ha sido común que los mandatarios estadounidenses y sus programas de gobierno para con Latinoamérica, representen uno de los puntos más atractivos de la agenda de la Cumbre, no menos cierto es que en la actualidad la Casa Blanca encuentra en el punto más bajo su relación con la región. Lo que quizás ha salvado la situación de desaire, ha sido el hecho de que todavía gran parte de las naciones integrantes (26 de 34) aún mantienen fuertes lazos comerciales con Estados Unidos, algunos cuales fueron llamados despectivamente como “países de mierda”, al tiempo que Washington endurece las políticas migratorias.

Todo esto sucede en medio del evidente avance de China, tanto en simpatía como en materia de influencia comercial, en contraposición con la baja valoración al actual ejecutivo estadounidense entre sus pares y apenas un 16% de aprobación entre la población latina, según datos de la Gallup. Esto no debería sorprender si se parte de que aun Estados Unidos no ha designado un equipo para tratar los asuntos de la región en el Departamento de Estado.

Por último, causó gran revuelo la decisión de Perú de retirar la invitación a Venezuela a propósito de la convocatoria a la Cumbre, alegando la “ruptura de la democracia” en esa nación, decisión que generó tensiones entre ambos gobiernos, pero que sería apoyada por el Grupo Lima compuesto por 12 países y la OEA. A propósito de la medida, que de manera parcializada dejó fuera a la delegación oficial de Venezuela, pero que sí contempló la participación de la oposición, parte de las exigencias son el llamamiento al gobierno de Nicolás Madura a no celebrar las elecciones presidenciales convocadas para abril, debido a la “falta de garantías”.

En definitiva, con Cuba dentro y Venezuela fuera; un Estados Unidos ausente; un ALBA que pierde influencia; y un tema de corrupción que arrastra a gran parte del Continente, no cabe duda de que lo mejor de la VIII Cumbre de las Américas es que nos obliga a mirarnos al espejo y contemplar el reflejo de nuestras precariedades como región. Depende de nosotros si asumimos el compromiso de gestar un trayecto común o en cambio continuamos por el actual sendero, sin tener respuestas prometedoras ante el sombrío futuro que aguarda a la próxima generación.

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Sobre el Autor

Franklin Rodriguez

Miembro del Comité Central del PLD, Secretario de la Juventud Peledeísta.